Aimo Koivunen fue un soldado finlandés cuya historia se convirtió en una de las leyendas de supervivencia más insólitas de la Segunda Guerra Mundial debido a un incidente fortuito con drogas estimulantes. En marzo de 1944, durante la Guerra de Continuación, Koivunen participaba en una misión de reconocimiento en la gélida Laponia cuando su patrulla fue emboscada por fuerzas soviéticas. En medio de una retirada desesperada bajo la nieve profunda, el agotamiento físico comenzó a vencerlo. Recordó entonces que llevaba consigo el suministro de Pervitin de su unidad, una metanfetamina distribuida por el mando alemán para mantener la alerta de las tropas
En la oscuridad y con las manos entorpecidas por los guantes, Koivunen no pudo extraer una sola pastilla y terminó ingiriendo accidentalmente el contenido completo del frasco: treinta dosis de golpe. Lo que siguió fue un viaje frenético y delirante de más de 400 kilómetros a través de la naturaleza salvaje. Impulsado por una energía química sobrehumana, esquió sin descanso mientras sufría alucinaciones constantes. Durante su odisea, activó una mina terrestre que le destrozó un pie y provocó que pasara una semana tendido en una zanja esperando ayuda, alimentándose solo de brotes de pino y un pájaro crudo.