Alejandro, un buzo artesanal de Perú, sufrió un accidente en 2013 que terminó transformando su cuerpo de manera irreversible.
Mientras trabajaba bajo el agua, una embarcación pasó por encima y cortó la manguera que le daba aire desde la superficie, por lo que tuvo que subir a gran velocidad, sin respetar el protocolo de descompresión, generando un estiramiento anormal de su piel y músculos, dándole una forma “inflada”.
Actualmente tendría cerca de 63 años. Han pasado más de 13 años desde el accidente y su cuerpo nunca volvió a la normalidad, por lo que continúa enfrentando graves problemas de salud y movilidad. Los especialistas señalan que las secuelas son permanentes y que deberá convivir con ellas de por vida.