Quien me ofrece su gratitud, me honra; al que enmiende su conducta le mostraré mi salvación.
(Salmo 50:23)

Nuestra gratitud debe venir acompañada por la alabanza que brota de nuestros corazones y el reconocimiento de la grandeza y el poder de Dios. ¡No hay nadie como él! Expresa con cánticos y con alabanza tu gratitud a Dios porque él es merecedor de ella.
